La sensibilidad frente al tiempo tiene su punto de partida en la incapacidad de vivir el presente. A cada momento percibes el inmisericorde movimiento del tiempo que sustituye al dinamismo inmediato de la vida. Ya no vives en el tiempo, sino con él, paralelo a él.
Al ser una misma cosa con la vida, eres tiempo. Al vivirlo, mueres junto con él, sin dudas y sin dolor. La salud perfecta tiene lugar en la asimilación temporal, mientras que el estado de enfermedad es una disociación equivalente. Cuanto mejor se percibe el tiempo, tanto más se avanza hacia el desequilibrio orgánico.
De forma natural, el pasado se pierde en la actualidad del presente, se totaliza y se fuende con él. La pesadumbre (expresión de la agudeza temporal, de la desintegración del presente) aísla el pasado como actualidad, lo vitaliza por medio de una auténtica óptica regresiva. Porque en la pesadumbre el pasado conserva la virtud de lo posible. Lo irreparable convertido en virtualidad.
Cuando se es plenamente consciente de la clase de agente destructor que es el tiempo, los sentimientos que se organizan alrededor de esa conciencia intentan salvarlo por todos lados. La profecía es la actualidad del futuro, como la pesadumbre lo es del pasado. Al no opder ser en el presente, transformamos el pasado y el futuro en presencias, de modo que la nulidad actual del tiempo nos facilita el acceso a su infinitud.
Estar enfermo significa vivir en un presente consciente, en un presente translúcido en sí mismo, ya que el miedo al pasado y al futuro, a lo que ha ocurrido a lo que ocurrirá, dilata el instante al compás de la inmensidad temporal.
Un enfermo que pudiera vivir con ingenuidad no sería un enfermo, ya que se puede estar afectado de cáncer, pero si no se tiene miedo del desenlace (ese futuro que corre hacia nosotros, no hacia donde nosotros corremos), se está sano. No hay enfermedades sino sólo una conciencia de ellas acompañada siempre por la hipertrofia de la sensación de lo temporal.
¿No nos sucede a veces que palpamos el tiempo, que se nos escurre entre los dedos, con una intensidad tal que lo proyecta dándole un contorno material? Y otras veces, ¿no lo sentimos correr como una sutil brisa entre nuestros cabellos? ¿Estará cansado? ¿Andará buscando lecho donde reposar? Hay corazones más agotados que él y que, sin embargo, no rehusarían acogerlo...
Y tú qué piensas de esto.
Hace 1 día